Un segundo grupo de salvadoreños salió del país la mañana de este miércoles 31 de octubre con rumbo a Estados Unidos. La Plaza Salvador del Mundo fue nuevamente el punto de encuentro de estas personas, entre los que viaja Ana González (nombre ficticio), una madre de 48 años, que ha emprendido este largo viaje junto con sus cuatro hijos y otros familiares.
«Ana» se vio obligada a dejar El Salvador junto a sus hijos a causa de la falta de trabajo y por las amenazas de las pandillas en el lugar donde reside.
“Me voy por la pobreza, no podemos darle estudio a nuestros hijos y aunque ellos estudien, y se gradúen, no hay trabajo”, se quejó. Los hijos de Ana estaban estudiando en una escuela pública, pero perderán el año escolar, según dijo, porque ahora emprenden este camino y aún no habían hecho los exámenes finales.
“Estamos cansados de tanta pobreza, los políticos se llenan la boca diciendo que van ayudar y cambiar las cosas, pero nada más se llenan su bolsillo. Los pobres tenemos que seguir adelante y continuar con nuestra lucha por nuestros hijos, porque queremos un futuro mejor”, expresó.
Con sus mochila llenas de botellas con agua, galletas, suero, medicinas y un poco de dinero para comprar comida en el camino, Ana y sus hijos partieron a las 9:00 de la mañana en un autobús que le cobró $2.50 para trasladarla hacia la frontera La Hachadura, departamento de Ahuachapán, con la esperanza de tener un “futuro mejor”.
Pero, antes de partir, en familia se tomaron un momento para pedir al Creador que los proteja en el largo camino que ahora decidieron recorrer, pese a las advertencias del Gobierno de El Salvador y a las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que no dejaran entrar a ningún migrante de las caravanas.

De hecho, este mismo día el presidente estadounidense informó que serán hasta 15,000 militares los que podrían ser desplegados en la frontera entre México y Estados Unidos para frenar el paso de las caravanas.
“Con respecto a la caravana de migrantes, nuestros militares están desplegados. Tenemos 5.000 y vamos a ir hasta 10,000 o 15,000”, declaró Trump desde los jardines de la Casa Blanca, esto mientras Ana exponía muy lejos de allí: “Yo sé que nos exponemos a muchos peligros, pero Dios es grande y se nos van a abrir las oportunidades necesarias para entrar a Estados Unidos”.
“Aquí no podemos alcanzar un mejor futuro, es muy duro. Yo soy ama de casa y trabajo sólo los fines de semana, soy viuda y tengo que sacar a mis hijos adelante, y no puedo seguir más así», dijo minutos antes de partir.
Así como Ana, este día cientos de mujeres, hombres, y también niños, dejaron al resto de su familia, el vecindario donde crecieron y sus mejores recuerdos por un «sueño» que está a miles de más de mil kilómetros y que nadie, por ahora, les da seguridad de poder cumplir.







