El presidente Nayib Bukele, reafirmó su postura sobre el castigo a criminales de alta peligrosidad al señalar que, aunque cree en el perdón divino, quienes cometen delitos graves deben enfrentar consecuencias en el ámbito terrenal.
“Es decir, yo soy una persona creyente, creo que Dios puede perdonar a todos. Sé que, si él se arrepiente y pide perdón, va a ir al cielo como cualquier otro pecador. Pero eso le compete a Dios. Aquí en la tierra tiene que estar en prisión, porque lastimosamente ya le confiamos que anduviera en la calle y cortó tres cabezas”, expresó el mandatario meses atrás, en una declaración que ha cobrado relevancia en el contexto actual.
Sus palabras resurgen luego de que la Asamblea Legislativa aprobara una reforma constitucional que habilita la cadena perpetua en el país, una medida que hasta ahora estaba prohibida por la Constitución.
Con la aprobación, se modifica el inciso segundo del artículo 27 de la Carta Magna, permitiendo que los tribunales impongan cadena perpetua a quienes cometan delitos graves como homicidio, vioIación y terrorsmo.
La iniciativa fue presentada a solicitud del Gabinete de Seguridad como parte de la estrategia del Ejecutivo para endurecer las sanciones contra estructuras criminales, especialmente pandillas, en el marco de las políticas de seguridad implementadas en los últimos años.
El endurecimiento de las penas ha sido uno de los pilares del discurso del Gobierno, que sostiene que medidas más severas son necesarias para evitar que criminales reincidan y garantizar la seguridad de la población.







