En el marco del ciclo más sólido de la relación bilateral entre El Salvador y Estados Unidos, el sector agroalimentario se posiciona como el nuevo eje de colaboración estratégica. Tras avances consolidados en seguridad, economía y energía, ahora los alimentos y la agricultura marcan la agenda prioritaria para fortalecer el comercio recíproco y la seguridad alimentaria hemisférica.
La embajadora Milena Mayorga sostuvo un encuentro clave con Luke J. Lindberg, Under Secretary for Trade and Foreign Agricultural Affairs del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), donde se coordinó el envío de una misión de trabajo compuesta por 35 miembros —expertos, empresarios y funcionarios agrícolas estadounidenses— que visitará El Salvador próximamente.
Durante la reunión, la diplomática salvadoreña presentó el modelo innovador de agromercados y centrales de abasto implementado en el país, que elimina intermediarios, ofrece precios justos a productores y asegura el abastecimiento fresco y asequible de alimentos para la población. Además, detalló los cambios transformadores en los procesos de cultivo, con énfasis en técnicas más eficientes, sostenibles y resilientes al cambio climático, orientadas a aumentar la productividad y generar oportunidades de exportación hacia mercados de alto valor.
«Este es el ciclo en la historia de la mejor relación con EE.UU. Hemos avanzado en las agendas de seguridad, economía, energía, y ahora es el turno de los alimentos», afirmó Mayorga, destacando cómo esta alianza se alinea con la prioridad de la administración estadounidense de promover cadenas de suministro resilientes y acuerdos comerciales equilibrados en las Américas.
La misión técnica permitirá intercambios de conocimiento, exploración de inversiones conjuntas y posibles acuerdos que beneficien a agricultores de ambos países. Con el modelo salvadoreño de agromercados ganando reconocimiento por su impacto en la reducción de costos y mejora del acceso a alimentos frescos, y los esfuerzos del USDA por expandir mercados para productos agrícolas, esta colaboración promete resultados concretos: mayor competitividad para los productores salvadoreños, acceso a tecnología estadounidense y fortalecimiento de la seguridad alimentaria regional.
Este paso refuerza a El Salvador como socio confiable en el hemisferio, en un momento clave para la innovación agropecuaria y el comercio justo, contribuyendo al crecimiento económico y al bienestar de miles de familias en ambos países.







