El presidente Nayib Bukele compartió un análisis sobre las perspectivas económicas de El Salvador tras el acuerdo a nivel técnico alcanzado con el Fondo Monetario Internacional (FMI), acompañándolo con el mensaje: “Poco a poco y luego de repente”.
El análisis señala que el acuerdo no representa únicamente un paso para reencaminar el programa con el FMI, sino que abre una nueva etapa en el proceso de transformación económica del país, destacando el respaldo político para impulsar la consolidación fiscal y reformas estructurales.
Según el documento, los mercados reaccionaron favorablemente al anuncio y existe potencial para que El Salvador avance hacia sucesivas mejoras en sus calificaciones crediticias, con una eventual posibilidad de alcanzar el grado de inversión en el largo plazo.
Entre las medidas contempladas se encuentra la continuidad de la segunda fase del ajuste fiscal, con un superávit primario del Sector Público No Financiero superior al 2.3 % del PIB acumulado a 12 meses hasta junio de 2026. El objetivo tendencial planteado es alcanzar un superávit primario del 3.7 % del PIB.
La agenda de reformas estructurales incluye cambios en el sistema de pensiones, mejoras en la gestión de liquidez ante mayores pagos de deuda previstos para 2027, así como medidas para fortalecer la transparencia y la gobernanza, incluyendo mejoras en los mecanismos contra el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo.
El análisis también destaca los avances en educación y salud como parte de una estrategia más amplia de transformación económica. En particular, resalta los resultados preliminares del programa piloto de educación con inteligencia artificial, desarrollado en 171 escuelas públicas y con una muestra de 1,198 estudiantes, cuyos resultados en matemáticas, lectura y ciencias se habrían acercado a los niveles registrados en Alemania y Suecia.
El documento considera que estos avances podrían permitir una expansión nacional del programa educativo durante los próximos 18 meses, mientras que las reformas en sectores como educación, salud, turismo y manufactura podrían contribuir a fortalecer el crecimiento y atraer nuevas inversiones.
Finalmente, el análisis sostiene que el respaldo político y las relaciones con organismos multilaterales podrían reducir los riesgos de ejecución del programa del FMI y favorecer una trayectoria de mejora gradual en la calificación crediticia de El Salvador, con una posible convergencia hacia países de categoría BB y, a más largo plazo, hacia el grado de inversión.




