A sus 26 años, la vida de Leo Moreno dio un giro inesperado tras el doblete sísmico que sacudió al estado La Guaira el pasado 24 de junio.
Decidido a marcar la diferencia, este joven dejó de lado su oficio como barbero para sumarse de manera voluntaria a las labores de búsqueda y rescate, convirtiéndose en un testimonio de resiliencia ciudadana.
Un renacer entre los escombros
Tras asegurar a su familia en los momentos críticos de la catástrofe, Moreno no dudó en poner su fuerza al servicio de la comunidad.
Desde entonces, ha trabajado incansablemente en zonas como Residencias Caribes, donde la esperanza se mide en sonidos captados bajo los escombros. La labor de este joven no solo ha sido física, sino también emocional, al enfrentar el impacto de una tragedia que ha puesto a prueba la entereza de todo un pueblo.
La voz de la empatía en la emergencia
Más allá del despliegue técnico, Moreno destaca la importancia de la unión ciudadana frente a la adversidad.
«Si no cambiamos, van a seguir pasando todo tipo de cosas; hay que buscar de Dios y hacer empatía», afirma el joven, quien subraya que el sufrimiento colectivo es una carga que también afecta a quienes intentan rescatar vidas.
Su historia es un recordatorio de cómo la voluntad civil, impulsada por la fe y la solidaridad, se vuelve un pilar fundamental cuando las instituciones son sobrepasadas por la magnitud de un desastre natural.






