La historia de Cecilia y Gala trasciende la labor técnica de rescate. Ambas son madres, y esa conexión con la vida y el cuidado ha sido su motor principal al integrarse a las tareas de búsqueda en la zona cero. Su llegada a Venezuela no solo ha traído especialización técnica, sino también una profunda empatía hacia las familias guaireñas que perdieron su estabilidad en cuestión de segundos.
Junto a especialistas mexicanos y bajo un robusto esquema de soporte logístico, estas mujeres han desafiado la adversidad, demostrando que la solidaridad no tiene nacionalidad. Su presencia en los campamentos de La Guaira se ha convertido en un símbolo de aliento para una comunidad que lucha por levantarse.
La resiliencia venezolana bajo los ojos de las rescatistas
Para Saltos y Soccetti, esta misión ha sido una lección de humanidad. Lejos de ser simples observadoras, han sido testigos directos de la entereza de un pueblo que, incluso en el momento de mayor dolor, mantiene su capacidad de respuesta y solidaridad.
«Destaco que Venezuela, a pesar del gran dolor y este semejante desastre, no deja de demostrar el gran pueblo que es, la entereza que tiene y su nivel de resiliencia», afirmó Cecilia Saltos al reflexionar sobre su tiempo en terreno.
Soporte logístico: La clave de la eficiencia en la zona cero
El éxito de una operación de rescate depende de la precisión logística. En este sentido, Saltos y Soccetti han destacado la importancia del respaldo operativo brindado en el campamento, lo cual permitió que su labor se desarrollara de forma eficiente y segura.
«Nos trataron como si estuviéramos en nuestra casa; nos sentimos cuidados, respetados y apoyados en cada aspecto del trabajo», añadió la rescatista, resaltando que la infraestructura puesta a su disposición fue el pilar que permitió enfocar todos sus esfuerzos en la misión principal: la búsqueda de sobrevivientes.





