La conmemoración del Día del Niño en Venezuela encuentra a cientos de niños y niñas del estado La Guaira viviendo en condiciones de alta vulnerabilidad, luego del doblete sísmico registrado el pasado 24 de junio, que provocó el desplazamiento de numerosas familias y la pérdida de sus viviendas.
A menos de 20 días de la emergencia, los campamentos improvisados en Playa Grande se han convertido en el refugio temporal de decenas de menores, quienes enfrentan la falta de espacios seguros para el juego, la interrupción de sus actividades escolares y la incertidumbre propia de la situación.
De acuerdo con organizaciones y voluntarios que trabajan en la zona, los esfuerzos no solo se concentran en garantizar alimentación y asistencia básica, sino también en habilitar espacios de contención emocional que permitan a los niños afrontar las secuelas del desastre. Los equipos humanitarios destacan que restablecer las rutinas y ofrecer un entorno protector resulta fundamental para reducir el impacto psicológico provocado por los sismos.
En vísperas del Día del Niño, voluntarios y equipos de rescate hicieron un llamado a la sociedad civil para priorizar la atención integral de la niñez afectada. Señalaron que la recuperación de La Guaira no debe centrarse únicamente en la reconstrucción de la infraestructura, sino también en garantizar el bienestar físico y emocional de los menores.
«La infancia no sabe de terremotos, solo sabe de la seguridad de sus padres y la calidez de un hogar; hoy, nuestra responsabilidad es que ese hogar sea, aunque sea temporalmente, un lugar donde puedan volver a ser niños», expresaron trabajadores humanitarios desplegados en los puntos de refugio.





