El Centro Histórico de San Salvador se convirtió en un escenario de profundo recogimiento espiritual durante la procesión del Santo Entierro, una de las manifestaciones más representativas de la Semana Santa en el país.
Cientos de feligreses acompañaron en silencio el recorrido de las imágenes sagradas, recordando el momento en que Jesucristo fue llevado al sepulcro. La imagen de Cristo, colocada en la tradicional urna, avanzó entre oraciones y muestras de respeto, en un acto que simboliza el dolor por su muerte, pero también la esperanza que da sentido a la fe cristiana.
Las calles del renovado centro capitalino sirvieron como marco para esta expresión religiosa, destacando puntos emblemáticos como la Biblioteca Nacional de El Salvador (BINAES) y la Iglesia El Rosario, donde los asistentes presenciaron el paso solemne de la procesión.
En un ambiente ordenado y seguro, la feligresía vivió con devoción este Viernes Santo, reafirmando una tradición que forma parte de la identidad cultural salvadoreña. La actividad también evidenció la transformación del centro histórico, ahora revitalizado y con mayor afluencia de visitantes.
Uno de los elementos más llamativos fue la participación de los llamados “cucuruchos” o encapuchados, quienes cargan las andas vistiendo túnicas oscuras y capirotes que cubren su rostro. Esta indumentaria simboliza humildad, penitencia y luto, en consonancia con la conmemoración de la muerte de Cristo.
“Estamos conmemorando la procesión del Santo Entierro de Cristo, después de haber celebrado los Santos Oficios de la pasión. El color negro es por alusión al luto que estamos pasando por la muerte de Jesucristo, y el cucurucho simboliza penitencia”, explicó Juan Juárez, uno de los participantes.








